O design segue a função, espacios claros para vivir bien
Desde niño fui inquieto y curioso: mientras otros jugaban a la pelota, yo dibujaba casas y las tallaba en tiza de pizarrón, pegando los pedazos con cola fría para inventar volúmenes modernos que se veían simples y hermosos. Mi pasión por la arquitectura viene de mi abuelo Víctor, herrero y constructor; desde pequeño observaba cómo transformaba espacios con claridad y propósito, enseñándome que cada decisión de diseño debe responder a una necesidad real.
Cuando me llevaba a sus trabajos y me dejaba ayudarle a girar el molinillo de la fragua o a sostener una manguera con niveles en una obra en mi barrio de Santiago, ahí, entre olor a fierro, polvo y concreto, entendí que quería ser arquitecto, que la construcción era un lenguaje que yo podía aprender a hablar y que había que diseñar con honestidad y construir con precisión.
Soñé con estudiar arquitectura en Nueva York, pero la vida me llevó por otro camino: estudié sistemas, emprendí y viajé por el mundo buscando soluciones tecnológicas para mi empresa. Después de cada reunión salía a caminar por cada ciudad y me perdía feliz entre edificios, materiales, vitrinas y detalles de diseño que me dejaban sin aliento. Con el tiempo, empecé a estudiar por mi cuenta arquitectura y construcción, descubrí la Bauhaus, a los grandes maestros del diseño de volúmenes simples y a Mies van der Rohe, y entendí de verdad que menos es más y que el diseño sigue a la función.
Así construí y transformé casas y oficinas en varias ciudades de Chile; diseñé marinas, muelles, piscinas, spas y soluciones pensadas para el buen vivir, cuidando la estructura, la orientación del viento, la luz, la temperatura, la tecnología y, sobre todo, la sensación de paz.
Hoy, cada proyecto que desarrollo en varias ciudades dentro de Chile reflejan esa filosofía: menos ruido, más esencia. Espacios que respetan el entorno, que utilizan materiales nobles con integridad y que priorizan la experiencia de quien los habita. La Bauhaus decía que el diseño sigue a la función; yo creo que ambos deben conversar en equilibrio, para dar forma a una arquitectura honesta, simple y cómoda, donde cada proyecto es la expresión de esa pasión que me acompaña desde los diez años.
17 projetos executados · 28 proyectos diseñados · + 4800 m² construidos
Trabajo con materiales nobles porque creo que la arquitectura empieza mucho antes del plano: nace en el bosque, en la tierra y en el taller. Me inspiran las maderas nativas de Chile —coigüe, lenga y otros árboles del sur— por su carácter y su historia en cada veta. También valoro la serenidad del pino cuando se usa con criterio, el blanco silencioso del albayalde, la honestidad del hormigón visto, la textura de la piedra volcánica, la ligereza del vidrio y la fuerza tranquila del concreto. La unión de estos materiales simples y serenos es la base de mi lenguaje: nada sobra, nada grita, todo conversa en calma.
Me importa el proceso tanto como el resultado: pensar en el árbol antes de ser tabla, en cómo se tala, se seca y se dimensiona hasta convertirse en piso o muro; diseñar un piso nativo fijándome en cada junta; elegir maderas y colores que estén en armonía y transmitan paz. Para mí, la arquitectura es respeto entre material, función y persona: combinar madera, piedra volcánica, hormigón visto, pino, albayalde, vidrio y concreto de forma sencilla y honesta para crear espacios que no sólo se vean bien, sino que se sientan bien. Lo esencial, bien construido.